Semana por la paz #39 1 al 30 de septiembre de 2026 LA PAZ NOS LLAMA, NOS MUEVE, NOS UNE
Desde 1987, cuando nació como una apuesta ciudadana en torno al 9 de septiembre —Día Nacional de los Derechos Humanos y fecha en que se conmemora a San Pedro Claver—, Semana por la Paz ha sido un espacio donde el país entero se detiene a mirarse. Organizaciones sociales, iglesias, instituciones educativas, empresas, gobiernos locales y comunidades de todo tipo se encuentran cada año para preguntarse, juntos, qué significa hacer frente a la violencia y construir una paz donde quepamos todos. Desde el mes de abril nos dimos a la tarea de planear la estrategia temática, gráfica, pedagógica y comunicativa para que, en los distintos territorios —personal, familiar, emocional, comunitario, educativo, sociopolítico, ecológico, espiritual y virtual—, contemos con insumos que ayuden a reflexionar sobre las implicaciones y los compromisos personales, comunitarios y sociales que supone la construcción de paz. En 2026 asumimos esta versión #39 en un momento en que el país, atravesado por la polarización, el desgaste de tantas estrategias inconclusas y la tentación del aislamiento, sigue sin ponerse de acuerdo sobre la paz que quiere para sí. Aun así, elegimos que la paz nos llame, nos mueva y nos una, del 1 al 30 de septiembre. Vale la pena detenerse en un detalle del lema mismo: el «nos» se repite tres veces —nos llama, nos mueve, nos une—. Esa insistencia no es gramatical, sino programática. Nos recuerda que la paz no se construye solo en primera persona del singular, sino como una tarea compartida que solo tiene sentido en plural. Es una invitación a salir del «yo» para reconocernos parte de un «nosotros» más amplio, donde el bien común —la paz— se vuelve posible únicamente si se persigue juntos.
Conceptos que componen nuestro lema #39
LA PAZ
La paz es el terreno común e innegociable donde habitamos desde la dignidad, un espacio multidimensional donde convergen lo interior, lo social, lo político y lo ambiental. Es desarme del corazón y autocuidado emocional, porque no se puede dar lo que no se tiene, y la paz germina primero en la serenidad personal. Es, sobre todo, convivencia fraterna y democrática: el reconocimiento pleno del otro como ciudadano legítimo, la posibilidad de disentir sin fracturar el lazo social y la construcción de acuerdos que estén por encima de las divisiones electorales e ideológicas, compromiso que nos corresponde a todos. Es también cuidado de los seres sintientes, de la biodiversidad y de los territorios frente a la crisis climática. La paz no es un concepto estático ni retórico: es una narrativa viva que se construye tanto en la reconciliación con la Creación como en la reconciliación entre nosotros mismos como sociedad.
NOS LLAMA
Nos llama es el primer verbo, y no es un llamado cualquiera: es una vocación, un llamado por el nombre que exige respuesta y no permite la indiferencia. Es eco de una historia que nace en 1987 y que, en cada versión, renueva su mística original. Es escucha desarmada: aprender a oír antes de señalar o juzgar, reconociendo la dignidad y la magnífica humanidad del otro. Es también clamor territorial: la respuesta al llamado urgente de las comunidades campesinas, étnicas y urbanas que siguen golpeadas por las violencias directas, culturales y estructurales que atraviesan el país. Llamar, entonces, es convocar; es sacar a la paz del discurso y convertirla en una tarea que interpela directamente a cada uno de nosotros.
NOS MUEVE
Nos mueve sustituye la pasividad por el movimiento y da a la reflexión una fuerza que nos ayuda a pasar de la inercia a la transformación. Es conmovernos desde el impulso vital que nace del corazón y de la conciencia, que nos invita a ser y a hacer para que, con otras personas, sucedan mejores cosas. Es sacar a las comunidades del aislamiento y la resignación para convertirlas en agentes activos de cambio social. Colombia tiene una larga historia de movilización ciudadana por la paz —marchas, mingas, plantones e iniciativas comunitarias que han demostrado, una y otra vez, que la acción colectiva puede abrirle camino a la paz incluso en medio de la violencia—, y este verbo honra esa tradición. Es también el cuerpo como territorio de paz: cuidado de sí, conciencia corporal; cuidado del otro, empatía y escucha; cuidado de lo otro, armonía con el entorno natural. Y es la activación de juntanzas, el motor que impulsa mesas locales, comités regionales y semilleros de saberes cotidianos que tejen la paz desde lo cercano.
NOS UNE
Nos une cierra el lema como un imperativo ético y un límite claro frente al odio. Es unidad en la diversidad: pensar diferente es válido en democracia, pero la paz es el suelo común que nos sostiene a todos. Es, también, la apuesta por despolarizar la paz, para que deje de fragmentar al país en extremos y se asuma como una gran bandera ciudadana, allí donde coincide el ciento por ciento de la población en el deseo de vivir sin violencia y convivir con justicia. Es, además, restauración del tejido social: zurcir en la diferencia, sanar las heridas del pasado a través del diálogo argumentado, eligiendo siempre el encuentro antes que la victoria y apostando por la justicia. Elaborado por el Comité Pedagógico de Semana por la Paz.


